viernes, 1 de mayo de 2009

El pincel mágico


Cuando era pequeña, me regalaron una caja de pinceles mágicos. Traían un pequeño instructivo donde describía como tenía que usarlos. Decía…

-dejarlos caer en tres gotas de agua, hasta tomar el color, y por último, dejarlos pintar.

Lo extraño era que cada que trataba de pintar algo, nunca funcionaban, y por el contrario, siempre acababan haciéndome una travesura, hasta que un buen día, cansada de no conseguir que hicieran un solo trazo, y harta de la burla de todos, los metí a su caja y me olvidé siquiera que existían.

Un día por la tarde llegó papá con un amigo.

Se acercó para darme un paquete que llevaba consigo. Yo voltee para ver a papá quien asintió con el rostro, diciendo que podía aceptar aquel regalo. Cuando lo tuve en mis manos para abrirle, imaginaba qué podría ser…

-mientras no fuera como el anterior regalo que me habían hecho, y que tanta guerra me había dado.

Al abrir el paquete, que desilusión tan grande me llevé, al darme cuenta que sólo eran hojas de papel.

Papá volteó a verme y me pidió que le mostrase a su amigo aquella caja de pinceles que me habían regalado tiempo atras, y que tanto disgusto me habían dado.

El amigo de papá me dijo que si le permitía yo que el me hiciera un dibujo con ellos, con una sonrisa maliciosa, moví mi cabeza aceptando

–sabía que esos pinceles traviesos le harían alguna maldad.

El amigo de mi papá tomó los pinceles y las hojas de papel que había llevado a casa y, que tanta desilusión habían causado en mi.

Papá le preguntó que qué es lo que pintaría, el se acercó a mi y me preguntó.

- Qué es lo que te gustaría que te dibujara.

Sabiendo yo que aquellos pinceles sólo dibujaban garabatos, no supe qué contestarle.

El, al verme tan callada, me preguntó que si yo tenía alguna mascota, a lo que respondí que no; entonces, me propuso dibujarme una mascota muy juguetona, para que todas las tardes jugara conmigo.

Papá me sentó en sus piernas mientras yo veía como aquel hombre tomaba los pinceles para empezar a pintar

Al principio me sonreía imaginando lo que pasaría cuando aquellos pinceles empezaran a hacer de las suyas. Pensaba en qué diría papá al ver que también su amigo sólo conseguía hacer garabatos sin sentido…

En ese momento me di cuenta que no podía permitir que a alguien más le pasara lo que a mi me había sucedido con aquellos pinceles traviesos. En un instante, me levanté de las piernas de papá y corrí hacia su amigo para advertirle.

La sorpresa que me llevé …

Al acercarme a él, vi que en aquella hoja de papel había un pequeño animalito con unos ojos juguetones y llenos de alegría. Y que como el amigo de papá había dicho, jugaría conmigo todas las tardes...

Los pinceles dejaron de hacer travesuras y me dejaron pintarle una enorme bola de estambre a mi nueva mascota, para jugar con ella por las tardes.


ESCRITO: ROSALIA ÁVILA SORIA.

1 comentario:

  1. El cuento me gusto mucho, mucho. Y el gatito esta muy tierno. Hayy quiero un gatoncito. miauuuu !

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